La ruta del Ebro la hicimos siguiendo tres alternativas: la GR-99, el camino Jacobeo del Ebro y a ratos carreteras locales. El tramo más complicado fue la entrada y la salida de Zaragoza. Hubo unos 100 km. que estaban poco o nada marcados y tuvimos que darnos varias veces la vuelta.
El camino siguiendo el río una gozada para dormir en cualquier sitio junto al Ebro con la tienda de campaña. La época un poco calurosa pero no en exceso este verano, y muy fructífera en el sentido literal de la palabra, ya que todos los cultivos frutales estaban en apogeo: manzanas, melocotones, almendras, higos, moras, tomates... Así que la rica huerta de ribera de río nos abasteció de frutas y verduras por la patilla. Y agosto pletórico de pueblos en fiestas a nuestro paso.
Y en Menorca mucho más relajadas, con paseitos cortos de bici y baños de ensueños en aguas cálidas y transparentes cuasi caribeñas. Además encontramos a la que sería nuestra hada "ruxente", Estefi, que nos acogió en su casita móvil furgonetera la mitad de los días que estuvimos por la isla. Además de enseñarnos los rincones más lindos, y los atardeceres más naranjas de Menorca. Gracias Estefi.
De nuevo la bicicleta ha sido una excelente compañera de viaje.
Hasta el próximo pedaleo...
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